¿Qué nos está pasando con las prisas y las exigencias?
Cuando queremos algo ha de ser de inmediato y esto se extiende a todos los ámbitos de nuestras vidas. Somos modernos.
Si vamos al super y tenemos que hacer cola, entra en categoría de «lo imposible».
Entramos en las tiendas y si los dependientes no tiran de las manos literalmente lo que están haciendo para atendernos, la reacción es: ya pasaré después….
No podemos perder un segundo de nuestra valiosa existencia. Lo queremos todo YA. El tiempo se escurre  entre nuestros dedos.
De cara a los pequeños negocios, es el delirio. Es habitual en estos últimos tiempos que si a la persona que llama no le puedes atender el mismo día, es un cliente perdido, eso si entre tal y cual hora, con un margen prácticamente inexistente ya que quien paga manda, como se ha sabido siempre.
Si nos llaman un viernes de puente a las 7 de la tarde y no puedes dar hora hasta el lunes, se buscan otro irremisiblemente aunque el dolor de espalda sea de años de evolución. O si las tarjetas de visita que se han de diseñar fuesen un asunto de vida o muerte.
Este delirio de prisas, aboca irremediablemente a decir que si a todo, en la peluquería, en los talleres, en cualquier servicio, por no perder a los clientes, cosa que en más de una ocasión el resultado es que no te atiendan como antes y al final toque esperar más, ya que afortunadamente seguimos teniendo dos manos y por suerte no podemos estar en varios lugares a la vez. El pez se muerde la cola, y al final nos  haremos pupa.
No podemos elegir un médico ni ningún profesional solo por su velocidad en atenderte (bueno, en casos de escape de agua y urgencias de cualquier sector, si se comprende), siempre dentro de un «tempo» razonable. Algunos  más divinos, siguen con su tónica de dar hora para dentro de tres meses o más pero esto también tiene su público.
Está bien, los tiempos cambian, y está claro que los que sobreviven son los que mejor se adaptan a los cambios. Como muestra de mi gran voluntad adaptativa os voy a poner un ejemplo.
El premio de esta semana, se lo daremos a un paciente de Vic:
Acude a la Clínica a media mañana sin tener hora. Se sienta en la sala de espera con una revista de difusión gratuita con anuncios médicos en la mano.
El chico se ve tranquilo, pero con el balanceo que muchas veces acompaña a los psicóticos (tipo Dustin Hoffman en Rain Man).
En ese momento era la única profesional en la planta, ante lo cual me acerco a él y le pregunto: ¿¿¿tienes hora???
Con la tranquilidad del que está en posesión de la verdad, me enseña mi anuncio en el semanario y contesta: … No tía, aquí pone «horas convenidas» y yo he venido a la que me ha convenido más. ¿Puedo pasar ya?

Ya sin argumentos que esgrimir, le hice esperar HASTA la » hora convenida».

¡¡¡ Este, de verdad se la había ganado !!!

 

Acupuntura_Legorburu_Horas_Convenidas