No señores, no voy a romper las normas de blog y meterme en política.
De las manos limpias que quiero hablar son las nuestras.
Hace pocas semanas en todos los medios nos hablaban de la campaña de las manos limpias para evitar contagios y enfermedades. Me consta que muchos ni lo vistéis.
Los médicos en general nos las lavamos a menudo, pero hay que reconocer que por mucho que quieras seguir las normas que te aconsejaban en la susodicha campaña, es imposible.
Si llegas a un restaurante, por ejemplo, antes de comer es aconsejable  ir a lavarse las manos. Llegar a la mesa con las manos “limpias” es realmente una odisea.
A parte de los equilibrios pertinentes, que por decoro no voy a detallar, que hacemos todas las mujeres en los baños públicos para hacer malabarismos con faldas, bolsos, bolsas de compras, móvil y otros artilugios, el tema manos limpias es peliagudo.
En muchos locales, el lavamanos -por aquello de ahorrar- es compartido con el WC de caballeros. No voy tampoco a detallar detalles desagradables, pero la gran mayoría salen abrochándose la bragueta sin pasar por el grifo. !Comprobado!
Si tu te has lavado cuidadosamente las manos tal como exige la buena práctica de la limpieza, has de abrir la puerta “contaminada ” que dejan los del otro baño.
En el manual decía abrir con el codo. Insisto eso los médicos lo hacemos bien, pero cuando la puerta contaminada se abre hacia dentro o es corredera, ¿cómo lo haces?
¿Decides contaminar tu foulard de seda o lo tocas???? Un drama….
No estoy hablando de bares de barrio ni locales cutrecillos. Sin ir más lejos los baños del Liceu. La puerta principal de los baños es compartida para damas y caballeros (minusvalidos-unisex a parte). Al salir, todas las puertas se abren hacia dentro, cosa que imposibilita abrir con el codo -aunque seas neurocirujano- y encima para salir al pasillo has de abrir una última puerta (también hacia dentro) compartida con los caballeros.
Uffff, la otra opción aconsejada era -según las normas que repartieron- utilizar un pañuelo de los de secar manos para abrir las puertas…. a parte de quedar más hipocondríaco que Woody Allen, te encuentras con el papel presuntamente contaminado que a veces no es fácil deshacerse de él, ya que la profusión de papeleras nunca es suficiente. Tampoco plantean que hacer si hay máquina de secado de manos…
Ante la terrible imagen que podía ser entrar a ver a Jordi Savall agitando un trozo de papel blanco del WC presuntamente contaminado, más propio de ir a ver habaneras tipo la Bella Lola, desisto y toco todas las puertas con todos los microbios que habían ido dejando unos tras otros los múltiples seres humanos que habían ido al baño.
Me rindo: LO QUE NO MATA ENGORDA.

 

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